Me senté en la silla al límite del estand de proyección literaria, en la mesa que estaba frente a mí, se alzaban mis ejemplares de “Crónicas oscuras de la última guerra”, lamentablemente no pude presentar el de “Brujas y el linaje de las montañas de fuego”, por una parte afortunada, se habían agotado antes de la fecha de la presentación.
Veía pasar a la gente, compradores compulsivos, lectores adictos al romance, el terror, la aventura o cualquiera que fuera el género que disfrutaran; sus manos sostenían libros y bolsas llenas con ejemplares. En un comienzo temí no ser tomado en cuenta, pero sin ser presuntuoso, los lectores llegaron uno a uno y en ocasiones en grupos, buscando un ejemplar, pidiéndome una dedicatoria, haciéndome sentir tal emoción que no creo poder describir.
El primer lector llego atraído gracias a la insistencia de una chica que estaba ahí para ayudarme a promover la novela, le conté de que trataba la novela corta, leyó la contra portada y sin pensarlo la compro, me pidió una dedicatoria y con la mano temblorosa lo hice, luego de eso adquirí un poco de confianza. El tiempo se fue rápido, al final firmé unos ejemplares y me tomé las últimas fotos con mis lectores, debió ser de prisa pues el siguiente escritor reclamaba la silla y su tiempo, no de manera estricta, es decir estaba ahí y tocaba su turno, teníamos un itinerario que respetar.
Regreso a mi tierra motivado, a seguir trabajando, a mover los hilos, a esforzarme por mis siguientes publicaciones, en el mes de enero debe llegar “Las aventuras de Thruco y otros relatos malvados”, así que esperen más lata de este su servidor.







