viernes, 21 de enero de 2022

"Una cabeza tallada en madera: brujeria"

 Abrí el portón donde mis padres guardaban su auto, dentro encontré un tronco, de unos treinta centímetros de largo por veinte de ancho, no le di importancia, pasé a un lado sin que llamara mi atención, en el trayecto olvidé a qué iba al garaje, me senté un instante en un viejo sofá a recordar, al levantar la vista le encontré la forma al tronco, era una cabeza, los trazos burdos la hacían amorfa, pero ahí estaban sus ojos, nariz, boca y cabello, la tomé mis manos, estaba mojada, se me hizo extraño pues hacía días que no llovía y estábamos resguardados bajo un tejado, supuse que sería de los galleros que trabajaban para mi papá, así que la dejé en el suelo y regresé a la casa.


 

     Al día siguiente oí lo que se rumoraba en mi casa, al parecer nos estaban haciendo brujería, la cabeza tallada en el tronco y unos huevos podridos reventados en la puerta lo delataba, las viejitas que vivían en casa advirtieron que no tocáramos la cabeza, que debían deshacerse de ella de una manera especial, antes se realizarían rezos y otros rituales para romper la maldición que nos echaron.


 

     No me preguntaron por la cabeza, así que no comente mi encuentro con ella, esa noche las veladores levantaban las flamas hacia el cielo, las viejitas invitaron a sus conocidas a rezar, las murmuraciones retumbaban en mi habitación, donde me encontraba metido en mi cama bajo las sábanas con miedo, tenía doce años, no sabía qué hacer, suponía que si comentaba la situación donde toqué la cabeza sería reprendido, guardé el secreto; toda la noche las veladores iluminaron la terraza, toda la noche la viejitas rezaron.


 

     Se decía que era alguien que nos envidiaba, historias se murmuraban de boca en boca, como la de la familia Alameda, quien una mañana encontraron un charco de aceite negro en la entrada de su casa, a partir de eso todo se fue por la cañería, el padre de la familia perdió su trabajo en el banco y se volvió alcohólico, la señora dejó al marido por los problemas, los hijos se fueron con la mamá donde pasaron calamidades por la pobreza, nunca pudieron llevar el barco a flote de nuevo.


 

     Nunca dije que tomé la cabeza con mis manos, aquella figura tallada alteró el orden en nuestra casa por varias semanas, pero las viejitas rezaron en contra de aquella brujería por años, quizás lo hicieron hasta los últimos días de su vida, ya que pasé mi adolescencia librando males con buena suerte, luego de sus muertes, seguí sorteando las desgracias, así que supuse que las viejitas me cuidaban aún desde el más allá.


 

sábado, 8 de enero de 2022

El albur en los 80s

 

     De niño el albur era una forma constante de hablar, aunque estudiaba en un colegio de monjas privado, las groserías estaban en todos nosotros.

     ¿Qué es el albur en México y cómo puedes saber si te están "albureando"? Es como una esgrima verbal en la que gana el más rápido, dicen los que saben. Un juego de palabras, el arte del doble sentido: el albur en México es un lenguaje popular lleno de picardía.


 
    Recuerdo perfectamente el día que me alburearon, no sabía de qué se trataba, pero como todos rieron callé, el no saber era una clase de pecado que se pagaba con la burla pública.

—Ve —me dijo Tabo señalando hacia el suelo, yo miré—, ¡el huevón!

     Todos rieron a carcajadas, yo también reí como un tipo de defensa, aunque no comprendía lo que ocurría, había visto unas sobras de una empanada que estaba en el suelo, para las tres de la tarde, en mi habitación, me seguía preguntado a qué se refería Tabo con el huevón, en los siguientes días y meses adopté la pregunta, la repetía a mis amigos sin entenderla, pero cada que caía alguno de mis compañeros, reíamos como si nos fuéramos a desarmar.


 

     Hubieron muchas más formas de alburear, la siguiente que era imposible responder era: “¿Hay pelo o no hay pelo? Aquello era un jaque mate, los presentes esperaban tu respuesta, lo que dijeras provocaba las risas, lo mejor era quedarse callado con risa nerviosa mientras te observaban.

     Son pocos los albures que recuerdo de mi paso por la secundaria, otro que se repetía mucho era: “¿Qué hiciste en la noche? Que se fue modificando hasta llegar a varias frases inconcretas como ¿noche pues Pelayo? Que significaba ¿Qué hiciste anoche? Esto se refería al sexo, cualquier respuesta se interpretaba como algo sexual.

     Veíamos las películas mexicanas, había llegado el género de las ficheras y la picardía mexicana, era una aventura verlas en casa de mis padres esperando no ser atrapados o íbamos al cine Toampeca donde dejaron de pasar películas extranjeras y se enfrascaron en las nacionales ya que atraían más al público,