Soy escritor como soy padre, esposo, hijo, triatleta, crossfiter es
decir, no me pagan por hacerlo pero, me da grandes satisfacciones, inmenso placer
aunque en ocasiones cuando la vida pega me hace pensar si no desperdicio el
tiempo.
Escribí este cuento para un concurso de mini ficciones, el premio era la
publicación, no tengo que decir que no gane, no me importo, aunque estaba
emocionado. En fin que no siempre se
gana sobre todo cuando escribes como aficionado, tratando de volverte
profesional con una hora diaria de escritura, sin saber las reglas de ortografía,
esperanzado al autocorrector de la computadora.
“Sálvame
de las palomas”
Descubrí a Lázaro una mañana de abril, sentado en una banca alimentaba palomas, a primera vista podías ver que no alcanza los
treinta años pero, su mirada denotaba vejez, fatiga, hastío, abandono, sus ojos
cansados tenían la pesadez de alguien que ha pasado años en alguna prisión.
Camine hacia él, no me importo espantar a las aves con mi andar, no dijo
nada, tan solo levanto su cabeza, me imagino para ver quién era el estúpido que
acababa de ahuyentar a los pichones, fue ahí que pude ver lo que sucedía. Tenía una forma muy particular de pestañear, cada abrir y
cerrar de sus parpados intermitentes eran mensajes en clave morse.
Las palomas volaron a muy corta distancia, Lázaro sostuvo su mirada varios segundos, lo suficiente
para que pudiera leer en sus ojos: “Gracias, no soporto a esos sucios pájaros”.
Me quedé atónito, él en cambio seguía sin inmutarse por mi presencia, arrojando
migajas de pan sin decirme algo. En una
segunda mirada pude ver que vestía uniforme de algún supermercado, el gafete
que colgaba de su camisa, decía: “Hola, soy Lázaro, estoy para servirle”.
-¿Qué sucede?, ¿Por qué tan triste? –pregunte pero, no hablo, tan solo
me miro de nuevo, en seguida sus ojos respondieron.
-Mátame, sálvame de las palomas.
No dude ni un segundo, saque mi pistola y le dispare tres veces en el
pecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario