domingo, 17 de febrero de 2019

Viaje en el tiempo

     Me emociona comprar libros como a la mayoría de los lectores, los nuevos me encantan por su olor, pero los de segunda mano tienen algo de misterio. Desde dibujos, frases o rayones en sus páginas o lo que pueden traer dentro, fuera de su lectura.



    La primera vez que encontré algo en el interior de un libro fue una invitación a una reunión del partido comunista, databa de principios de los 80s, la usé como separador de páginas por mucho tiempo, me intrigaba, soltaba mi imaginación pero, algo era seguro, nunca sabría de quién era y cómo había terminado en ese libro, perdí aquella invitación y cuando me di cuenta de su falta sentí nostalgia.



    Ahora, más actual, con mi daeler literario, obtuve más que libros, dentro de ellos vinieron, un boleto de avión quizás de principios de los 90s, los traía "paraíso 25" de spota, también dentro de otro libro, no recuerdo cuál, encontré unos boletos de ado que databan de 1980, estoy seguro que no se abrían sus hojas desde esa fecha. Tenía cinco años cuando alguien viajaba de Orizaba a México, con un libro en la mano y esos pases, me gusta imaginar cómo terminó en mis manos, que estaba haciendo en ese año pero, no puedo recordar, es muy atrás, me consuela saber que era feliz.





sábado, 9 de febrero de 2019

Se olvidaron de mi

     Me gustaba llegar a la biblioteca que estaba en el parque central del pueblo      -ya la cambiaron de sitio-, pasaba horas en su interior leyendo, solitario en algún cubículo. Muy pocas personas llegaban; una de las tantas veces que me perdí  frente a una novela, noté que el silencio me envolvía, así que me froté los ojos, me puse de pie y camine hacia la salida, menuda sorpresa, no habían personas,  la puerta cerrada con cerrojo no me dejaba salir. Eran como las tres de la tarde, "quizás fueron a comer" me dije, regresé a mi cubículo y seguí enfrascado en la lectura, debí leer más tiempo del acostumbrado, hasta que vi a un chico deambular cerca de mi, supuse que ya habían abierto, me reí por dentro, dejé el libro, caminé por los pasillos hacia la salida, cuando pase a un costado de la bibliotecaria y demás personas que estaban con ella oí murmullos y risas, no dije nada, seguí caminando disimuladamente tratando de no reír.

     Ahí, en la biblioteca comprendí que un libro te lleva a otro, de esa manera leyendo sobre Chile, fui conducido a: "Así se templó el acero" de Nikolai Ostrovski, libro que los estudiantes detenidos por el régimen leían en las cárceles. En otra ocasión leyendo sobre el rey Leopoldo y su cruel incursión en África, terminó en mis manos "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad. Así de libro en libro fui conociendo autores, en esa época no había internet, ni talleres o cursos de literatura y en la escuela pasaba los días perdido en mi imaginación sin escuchar a los maestros.

sábado, 2 de febrero de 2019

"Un inicio banal"

     Te invito a que me leas. Terminé de escribir mi segunda novela, aunque nunca he publicado, esta vez pretendo hacerlo. Diseñé ésta página para darme publicidad, así que cuando la veas en la red, léela, ahora sigue leyéndola y lee por rebeldía.
     Vivo en una pequeña ciudad, como la mayoría de las que hay en México, estamos faltos de literatura, aquí no hay librerías y la biblioteca la cerraron, el motivo después lo contaré.
     Me hago de libros con un héroe sin capa, un dealer de la literatura que vende libros usados. Disfruto caminar por el pasillo, buscando y rebuscando en pilas de libros, alguno que me guste, que me llame, así encontré: "Debe amanecer" de Juan Sánchez Andraka, una joya que en 1984 iba por su sexta edición y la que conseguí salió a la luz el nueve de abril de 1986. Cuando veo las fechas de publicación de libros viejos me gusta tratar de recordar que hacía en esos años.
     Mi novela se titula: "Las brujas y el linaje de las montañas de fuego".  Inicié a escribirla en el 2016, después de la salida de escuela de mi hija, rentábamos dos computadoras, me colocaba las conejeras para escuchar música y alejarme de los gritos de los jóvenes que jugaban videojuegos y me perdía en un pueblo mexicano alejado, donde dos brujas luchaban por su dominio.