sábado, 9 de febrero de 2019

Se olvidaron de mi

     Me gustaba llegar a la biblioteca que estaba en el parque central del pueblo      -ya la cambiaron de sitio-, pasaba horas en su interior leyendo, solitario en algún cubículo. Muy pocas personas llegaban; una de las tantas veces que me perdí  frente a una novela, noté que el silencio me envolvía, así que me froté los ojos, me puse de pie y camine hacia la salida, menuda sorpresa, no habían personas,  la puerta cerrada con cerrojo no me dejaba salir. Eran como las tres de la tarde, "quizás fueron a comer" me dije, regresé a mi cubículo y seguí enfrascado en la lectura, debí leer más tiempo del acostumbrado, hasta que vi a un chico deambular cerca de mi, supuse que ya habían abierto, me reí por dentro, dejé el libro, caminé por los pasillos hacia la salida, cuando pase a un costado de la bibliotecaria y demás personas que estaban con ella oí murmullos y risas, no dije nada, seguí caminando disimuladamente tratando de no reír.

     Ahí, en la biblioteca comprendí que un libro te lleva a otro, de esa manera leyendo sobre Chile, fui conducido a: "Así se templó el acero" de Nikolai Ostrovski, libro que los estudiantes detenidos por el régimen leían en las cárceles. En otra ocasión leyendo sobre el rey Leopoldo y su cruel incursión en África, terminó en mis manos "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad. Así de libro en libro fui conociendo autores, en esa época no había internet, ni talleres o cursos de literatura y en la escuela pasaba los días perdido en mi imaginación sin escuchar a los maestros.

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